Hay una situación especialmente humillante para una casa «inteligente».

Estás trabajando tranquilamente en una mesa.

De repente, la luz se apaga.

Levantas el brazo, haces un gesto absurdo hacia el techo y la luz vuelve a encenderse.

El problema no es necesariamente la automatización.

El problema puede ser qué entiende el sistema por presencia.

Durante años hemos usado «movimiento» y «ocupación» casi como si fueran lo mismo. Pero no lo son.

Para detectar si hay alguien en una estancia existen varias tecnologías. Tres de las más interesantes son los sensores PIR, el Wi‑Fi sensing y el radar mmWave.

Y cada una observa el mundo de una forma completamente distinta.

PIR: barato, sencillo y omnipresente

PIR significa Passive Infrared.

Es el típico sensor que encontramos en pasillos, alarmas, luces automáticas y miles de instalaciones domóticas.

Se llama «pasivo» porque no necesita emitir una señal hacia la habitación. Detecta cambios en la radiación infrarroja que llega hasta él.

Nuestro cuerpo está más caliente que gran parte del entorno y emite radiación térmica. Cuando una persona se mueve a través de las zonas que observa el sensor, la distribución de esa energía cambia.

Eso hace al PIR fantástico para responder a una pregunta sencilla:

¿acaba de moverse algo con una firma térmica parecida a una persona?

Consume poco, cuesta poco y lleva décadas demostrando que funciona.

Pero tiene una limitación evidente: alguien completamente tranquilo puede dejar de generar cambios suficientes para ser detectado como movimiento.

Ahí aparece el famoso baile para volver a encender la luz.

Radar mmWave: enviar y escuchar el eco

Un radar hace justo lo contrario que un PIR.

Es activo.

Emite radiofrecuencia y analiza lo que vuelve después de reflejarse en los objetos.

Los radares mmWave utilizados en presencia trabajan a frecuencias muy altas y pueden detectar movimientos extremadamente pequeños.

Fabricantes como Texas Instruments e Infineon muestran aplicaciones capaces de mantener la detección de una persona sentada o prácticamente inmóvil aprovechando micro‑movimientos.

Algunos sistemas pueden además estimar distancia, dirección o posición.

Eso aporta mucha más información que un simple «movimiento sí / movimiento no».

Pero también implica más electrónica, procesamiento y coste.

Para encender una luz de un trastero, quizá sea una barbaridad.

Para saber si sigue habiendo alguien sentado en una sala de reuniones, puede tener mucho más sentido.

Wi‑Fi sensing: utilizar el canal como sensor

El Wi‑Fi sensing se parece al radar en que trabaja con radiofrecuencia, pero su filosofía puede ser diferente.

En lugar de instalar necesariamente un radar dedicado, aprovecha señales de una red WLAN y estudia cómo cambia el canal cuando una persona altera los caminos de propagación.

Con información como CSI es posible buscar patrones asociados a presencia o actividad.

Y aquí aparece su gran atractivo:

parte de la infraestructura de radio ya existe en el edificio.

Eso no significa que cualquier router sea automáticamente un sensor de presencia ni que la detección sea gratis.

El acceso a las mediciones, la compatibilidad del hardware, la disposición de los dispositivos y los algoritmos siguen siendo fundamentales.

IEEE 802.11bf, publicado en 2025, precisamente estandariza mejoras para WLAN sensing y prepara mejor las redes Wi‑Fi para este tipo de funciones.

¿Cuál detecta mejor a alguien quieto?

La respuesta incómoda es: depende.

Un PIR convencional puede perder a una persona si no produce suficiente cambio térmico en sus zonas de detección.

Un radar mmWave especializado puede ser muy sensible a micro‑movimientos.

El Wi‑Fi sensing también ha demostrado en investigación que puede detectar presencia y extraer información de movimientos pequeños, pero su comportamiento depende enormemente del entorno y de cómo se haya diseñado el sistema.

No existe una clasificación universal en la que mmWave sea «primero», Wi‑Fi «segundo» y PIR «tercero».

La pregunta correcta es otra:

¿qué necesito saber y cuánto quiero pagar en coste, consumo, instalación y complejidad?

Una casa normal ayuda a entenderlo

Piensa en cuatro espacios.

En un pasillo solo quieres encender una luz cuando alguien pasa. Un PIR puede ser perfecto.

En un despacho necesitas evitar que la iluminación se apague mientras una persona trabaja sentada. La detección de micro‑movimiento de un radar puede aportar mucho.

En un salón con una red compatible, el Wi‑Fi sensing podría añadir información de ocupación aprovechando la infraestructura existente.

Y en un dormitorio quizá la prioridad no sea obtener más detalle, sino todo lo contrario: reducir al mínimo la información que se recoge.

El sensor técnicamente más capaz no siempre es la mejor solución.

También cambian la privacidad y el mantenimiento

Un PIR entrega muy poca información. Eso puede ser una ventaja.

Un radar puede generar medidas mucho más ricas.

El Wi‑Fi sensing puede inferir actividad a partir de una infraestructura que el usuario asocia principalmente a conectividad.

Cada incremento de capacidad obliga a pensar en quién procesa el dato, cuánto se conserva y para qué se utiliza.

También cambia el mantenimiento.

Un PIR está muy desacoplado de la red IP.

Un sistema de sensing basado en Wi‑Fi depende de radios, firmware, configuración y software.

El radar dedicado depende de su propia colocación y calibración.

La evolución no consiste en sustituir un sensor por otro

Es tentador contar la historia de la tecnología como una sucesión de reemplazos.

Primero PIR. Después Wi‑Fi. Después radar.

En realidad, lo más probable es que convivan.

Los edificios buenos utilizan la información necesaria para cada función y no más.

A veces basta con saber que alguien cruzó una puerta.

Otras veces necesitamos saber si una persona sigue allí aunque no se mueva.

Y en algunos casos queremos conocer posición o trayectoria.

PIR, Wi‑Fi sensing y mmWave no son tres versiones del mismo aparato.

Son tres maneras distintas de hacerle una pregunta a una habitación.

Elegir bien la pregunta sigue siendo más importante que comprar el sensor más sofisticado.